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sábado, septiembre 05, 2009

KIERKEGAARD Y LA ANGUSTIA

A través de los siglos se ha escrito mucho sobre la angustia; filósofos y pensadores han descrito la importancia de este sentimiento diferenciándolo del miedo y la desesperación. En mi concepto la angustia es un sentimiento humano que es positivo en tanto se encuentra significado a palabras como “eternidad”, “existencia” y “la nada”.Cuando el ser humano es capaz de encontrar sentido a dichas palabras significa que ha entrado a un nivel superior de pensamiento con respecto al hombre común. Es en ese nivel de pensamiento independiente donde la angustia es positiva porque permite analizar, entender, visualizar la propia existencia; además porque permite al hombre(o mujer) ser verdaderamente conciente de su libertad, de sus acciones y las consecuencias de éstas.

En ese sentido, se puede entender el pensamiento de Kierkegaard quien planteaba a esta etapa como fase ética diferenciándola de la fase estética. Para el hombre común aferrado a la fase estética del mundo de los sentidos, la angustia es miedo improductivo y desencadena en desesperación. Y eso es porque su destino está trazado y no es capaz de hacer algo porque esta seducido por lo sensual. El hombre ético en cambio es capaz de buscar respuestas mediante el conocimiento, procura el control de su mente en pos de un pensamiento de nivel elevado que le de razón a su existencia.

La angustia es una señal de que el hombre tiene lo eterno en sí mismo. Sin lo eterno no habría angustia. Pero el ser humano que ha sentido la angustia dentro suyo y que todavía persiste obstinadamente en tener una existencia en la esfera sensual, terminará en la desesperación. No obstante se puede dar que cuando el hombre que a través del llamado de la desesperación ha sentido la ineficiencia de su esfera estética en la relación con la vida sensual como placer y como representación del gozo, de pronto, se ilumine y tome la decisión de ya no permanecer allí, es en ese momento en el que él es lo suficientemente maduro para elegir algo más y es allí cuando esta listo para entrar en la fase ética.

Kierkegaard, entendía la angustia no como el temor de los seres vivos, ni tanto como el miedo a la muerte, sino, más que eso al descubrimiento de “la nada”. Kierkegaard muestra como la angustia está vinculada a la verdadera constitución de la subjetividad, avisando del peligro de perder la propia identidad por el afán de absolutizar el “yo” y el “sí mismo”. Para él la angustia va más allá de un estado de ánimo simple para convertirse en una experiencia fundamental y decisiva en la vida del ser humano. La angustia se relaciona con el pecado y con la libertad. Engendrada por la nada, alimentada por la impaciencia, surgida como “realidad de la libertad en cuanto posibilidad”, la angustia es “el vértigo de la libertad” y al mismo tiempo un medio de salvación que conduce a la fe y a la verdad en búsqueda de un sentido definitivo a la existencia”.

En base al pensamiento de Kierkegaard, Heidegger afirmaba que hay para el "Dasein" (ser en sí mismo) una posibilidad permanente de encontrarse frente a la nada y descubrirla como fenómeno. Eso sería la angustia. La forma en que nos cabría enfrentar la nada, la cura de ese no-ser es la angustia. La posibilidad de seguir existiendo frente a esa nada es lo que estaría dado por la angustia. Jean Paul Sartre por su parte identifica a la angustia como el sentimiento más importante, hasta el punto de que llega a declarar que el hombre es angustia. Distingue la angustia del simple miedo: el miedo aparece ante un peligro concreto y se relaciona con el daño o supuesto daño que la realidad nos puede infligir; la angustia no es por ningún motivo concreto, ni de ningún objeto externo, es miedo de uno mismo, de nuestras decisiones, de las consecuencias de nuestras decisiones. Es la emoción o sentimiento que sobreviene con la conciencia de la libertad: al darnos cuenta de nuestra libertad nos damos cuenta de que lo que somos y lo que vamos a ser depende de nosotros mismos, de que somos responsables de nosotros mismos y no tenemos excusas; la angustia aparece al sentir­nos responsables radicales de nuestra propia existencia. Pero además de esto Sartre recalcaba que esta conciencia de la responsabilidad se incrementa al darnos cuenta de que nuestra elección no se refiere solo a la esfera puramente individual sino también en lo referido a nuestro entorno social.

Para concluir este post digamos que el verdadero valor de la angustia se puede entender cuando se supera la etapa estética, mientras se sigue aferrado a la sensualidad y a todo lo que los sentidos nos aportan, la angustia será sólo desesperación. Es en la etapa ética cuando la angustia puede tener valor; la nada, la existencia ya tienen significado para el ser humano. Hasta ahí Kierkegaard, es genial, y de hecho los demás conceptos sobre la angustia de otros pensadores tienen su base fundamental en lo establecido por Kierkegaard. Y aun cuando Kierkegaard tenía tendencia de apegarse demasiado a su temperamento religioso por lo cual me parece perdía algo de objetividad en sus conceptos; eso no le quita lucidez a sus ideas primigenias sobre el tema, pues era comprensible en su contexto de vida.

MARDAM

2 comentarios:

José Vergara Herrera dijo...

Me parece bastante interesate, sin embargo, creo que comete un error al entender la angustia, en Kierkegaard, como un simple sentimiento. Para el filósofo es en estricto rigor, la conceptualización de una experiencia de vida que desde su nivel teórico clarifica la comprensión del sí mismo. Los resultados de la desesperación dependerán por su parte de la vivencia teórica y práctica de la angustia. En este sentido, la religiosidad no es una pérdida de objetividad, sino una escalada en este nivel de "pensamiento superior" -utilizando términos de esta entrada- a la cual la posibilidad de resolver la desesperacion y obedecer a la angustia responde.

Anónimo dijo...

Es cierto que el filósofo danés sentó las bases del pensamiento existencialista sobre la angustia, pero ésta no se vive productivemente en la fase moral, sino en la religiosa, que no tiene nada de racional pues se basa en una fe ciega y confiada. Sólo en ese acto de entrega a la potencia infinita se supera la angustia.